miércoles, 1 de abril de 2009

LAS MUJERES VUELAN COMO GAVIOTAS




En San Lorenzo, norte de Nariño.
LAS MUJERES VUELAN COMO GAVIOTAS
Un relato sobre la construcción de territorio como sólo lo pueden hacer las mujeres que comprenden el sentido del desarrollo humano.

Por: C.S. GUSTAVO MONTENEGRO CARDONA.

San Lorenzo se deja querer.

Toño pasea cargando un megáfono de arriba para abajo, de abajo para arriba, parece que no supiera que hacer, pero en su cabeza todo es claro, en su mente y en su discurso las ideas fluyen hacia el sendero del otro desarrollo, hacia la ruta de la vida digna, hacia las vías de una nueva oportunidad para la gente Lorenceña. Un hombre martilla sobre algunas tablas para levantar de improviso una tarima, otros cuantos le ayudan con las carpas para cubrir el escenario. A la derecha un par de toldos más, a la izquierda cuatro carpas más. A lo lejos, cuando ya son las nueve de la mañana del ocho de abril, los conductores de los buses escaleras que llegan colmados de mujeres de todos los rincones veredales de San Lorenzo hacen sonar sus trompetas como si se anunciara la llegada de los ángeles del mundo a un rincón lejano de la tierra. Luego, las calles de San Lorenzo son tomadas por los pies expertos en andar por el suelo fértil del norte nariñense.


Bajo los toldos levantados con anterioridad, con paciencia, con gusto y amor desbordado, hombres y mujeres disponen los frutos que han traído de sus tierras. Plátano, tomates, semillas de todo tipo, de toda especie, semillas de nombres comunes y de nombres extraños; gallinas encopetadas, gallos dispuestos a todo, pollos, manzanas de tierra, melones, mandarinas, limas, naranjas, jugosas y enormes naranjas; artesanías, flores aromáticas, plantas para el jardín, jardines enteros, flores de otros tipos y cualidades, más plátano, aguacates que no caben en una mano. La tierra floreció y regaló los dones que sólo puede entregar la madre-mujer, la tierra-hembra, la fértil-fémina de la vida campesina. Ahí están, mujeres de todas las edades, mujeres campesinas que agradecen a la vida porque a través de la tierra alimentan a sus hijos, a sus esposos, a sus familias, a sus propios cuerpos, pero ante todo, porque sus espíritus reflejan la dicha de saber sembrar, de poder recoger, de querer compartir.


Toño sigue caminando con su megáfono y en el aire limpio de San Lorenzo las voces y las músicas de este campo florido suenan para invitar a marchar, a caminar, a movilizarse. Hoy el motivo es la mujer, como siempre lo ha sido, como siempre lo será. Toño invita al orden, luego Eudoro Rendón, viejo amigo de esta población reconoce que hemos llegado y nos abraza, nos da la bienvenida, nos invita a caminar con él, con ellos, con ellas, con el espíritu femenino que vive despierto todos los días en la tierra de los “arracacheros de corazón”.

“Esto lo hace la Red de Familias Lorenceñas todos los años, desde hace diez años, no importa que la Alcaldía también haga su desfile, lo importante es que aquí venimos siempre, todos los que hacemos parte de las Escuelas Agroambientales, a conmemorar el día internacional de la mujer, porque la mujer es la que nos cuida, la que nos alimenta, la que trabaja junto a nosotros para sostener la tierra, la madre tierra”. Así cuenta Eudoro, emocionado, dichoso, feliz, feliz como es él, como sólo lo puede ser el hombre campesino que reconoce en la mujer la vida misma.

Por eso, cada vez que se pisa el suelo de San Lorenzo, se quiere más a esta tierra colmada de gente pujante, de hombres y mujeres tenaces. San Lorenzo, tierra de movilización se deja querer.

LAS MUJERES QUE AMAN

El sol se quedó con nosotros toda la mañana, toda la tarde, como si se resistiera a dejarse calmar por la noche. El azul del cielo de las once de la mañana cubrió la marcha, los pasos de más de quinientas personas que desfilaron el 8 de marzo de 2009 por las calles de San Lorenzo para invitar a la vida, para reconocer, como siempre lo hacen en su cotidianidad, el trabajo de la mujer, la dignificación de su obra y el sentido que para esta tierra tiene el verdadero motivo de la celebración del día internacional de la mujer. Aquí no hay flores envueltas en palabras de falsos comerciales de televisión, aquí no hay postales llenas de banalidad, aquí no se celebra el día de la mujer, aquí no se hace alusión a los espíritus de comercialización de las damas, aquí el tema es serio, se respeta y se conmemora con altura. La mujer política toma el micrófono, la mujer movilizadora hace memoria de lo que significa la construcción de región de mano de las mujeres luchadoras de San Lorenzo, la mujer que danza baila al son de los bambucos campesinos; la mujer que comercializa ofrece los productos de la tierra al “Dios de los pobres” como insiste en llamar Toño al “Dios que también fija la mirada en los desposeídos”. La mujer que hace coplas rima al son de la valentía y se para con firmeza ante los oídos atentos de quienes reconocen el valor social de la campesina que trabaja con dignidad y orgullo.

Esas son las mujeres que aman su tierra, su campo; esas son las mujeres que aman a sus hombres, a sus hijos, a sus familias, esas son las mujeres que conmemoraron con la frente en alto, con la bandera de la movilización un año más de construcción de vida campesina al lado del fogón de leña, al lado de la parcela, en medio del bosque, bañadas por el agua maciceña.

Alba, Aura, Esperanza, Rosa.

Sus cuerpos no se miden con metros en la cintura o la cadera, sus ojos no se delinean como pinturas sintéticas, sus pies no calzan cueros finos, sus senos no se exhiben como prenda de lujo, sus manos no exhiben joyas de aparentes estilos, sus nombres son nombres de flores, de viejas mujeres, de viejas madres, de ilusiones y sueños; sus nombres son nombres que simbolizan el día o la noche, la luz del despertar matutino o el silencio de la noche que se anuncia con el zumbido de las alas de diminutas aves que rondan el cielo lorenceño. Alba, Aura, Esperanza, Rosa, Sonia, Lucero, en fin, mujeres colmadas de visiones de futuro, de sostenibilidad agraria, de autosostenimiento familiar, de ilusiones agroambientales, de relaciones íntimas con la naturaleza y los hombres. Las mujeres de la Red de Familias Lorenceña “Las Gaviotas” vuelan, y vuelan lejos con sus procesos de reconstitución de suelos, con sus procesos de formación de largo aliento, con sus iniciativas de conservación de tierra, con sus propuestas para el cambio de actitud frente al mundo. Las mujeres de “Las Gaviotas” vuelan a otro ritmo, en otros cielos, y pisan un suelo diferente. Por eso bailan con alegría, marchan con fuerza, gritan con júbilo, aman con pasión, luchan todos los días, trabajan como es debido, y no dejan de hacer sancochos deliciosos o de preparar dulces de leche, arroz y harina como señal de que siguen alimentando a los hombres, a sus hijos y a sus familias como lo han hecho de generación en generación, las mujeres que sembraron esta tierra que huele a panela, café, caña y limón.

Toño no deja de gritar, Alba Sonia ríe con serenidad. Los abrazos cálidos de los amigos y amigas de San Lorenzo nos despiden con el mismo cariño que lo hacen cada vez que vamos a visitarlos, porque saben que nos queremos mutuamente. Nosotros somos un equipo de realizadores audiovisuales recogiendo las huellas de las escuelas agroambientales, ellos, cómplices de nuestros proyectos, ellas, mujeres que siguen haciendo posible que la esperanza deje de ser utopía para convertirse en realidad de todos los días.

En el cielo las nubes nos dicen que es hora de volver a casa. Toño nos despide con su voz a todo pulmón. Eudoro nos promete un buen sancocho la próxima vez que nos veamos, y entre todos nos agradecemos poJustificar a ambos ladosr haber hecho presencia una vez más en la marcha tradicional que la Red de Familias Lorenceñas organiza cada 8 de marzo para conmemorar el sentido que la mujer tiene como constructora de vida regional.


Texto publicado en
www.vocesdenarino.com

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