viernes, 16 de septiembre de 2016

EN NARIÑO GANA LA PAZ

En esos mismos benditos 8 años en los que parece que aprendí todo lo que iba a ser mi vida ya pintaba palomas de la paz. En las ventanas de la casa mi padre pegaba los mensajes de esperanza cuando los tiempos de Belisario. En el periódico del colegio escribía sobre la ilusión de vivir en un país sin guerra, sin odios, sin banderas de discordia. A mis 42 sólo tengo la convicción de que si es lo que más habíamos anhelado, ¿cuál podría ser la razón para negarle su entrada por la puerta triunfal? Así, sin lógicas aristotélicas, ni discusiones politológicas, ni disertaciones jurídicas, ni banalidades egocéntricas. Esa paz, es, para muchos, un sueño de años de espera.


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