viernes, 3 de enero de 2014

TALCO PARA UN SUEÑO



Mientras en la senda tradicional niños y niñas desfilan bajo la consigna del carnavalito, por la otra senda rondan sueños construidos a punta de venta de talco, carioca y chitos. Conozca la crónica de este 3 de enero.

La mujer con algo más de cincuenta años encima corre tras el bus hasta que logra subirse en la ruta. Agitada le cuenta al chofer que lleva más de una hora y media caminando esperando poder desplazarse desde el centro de Pasto hasta el terminal que la lleve, como ella dice, a los pueblos. Tiene que llegar a Chachaguí, municipio del norte de Nariño, a unos cuarenta y cinco minutos de Pasto. El chofer afirma que el tráfico es una locura por estos días. Cada vez, más temprano, la movilidad se va reduciendo. Parece un lunes festivo, pero realmente hoy es viernes tres de enero.

Hay un trancón, en la esquina un “piagio” (pequeño camión de carga urbana) se estrelló con un vehículo particular. La discusión está brava. Es mejor llegar a pie. Antes de entrar al Potrerillo, el principal mercado y centro de abastos de la capital nariñense, la calle es una manifestación del caos urbano, del corre-corre cotidiano del comercio que le da vida a las zonas periféricas de la ciudad. A las once de  la mañana, en una esquina, sentada, la esposa de Meregildo Nopán cuida cerca de cuarenta pacas de “chitos, nombre común con el que se conoce a este pasabocas de fécula de maíz. Cada paca trae treinta paquetes, cada bolsa de “chitos” se vende por mil pesos “hasta tres por dos mil lo dan, se gana poco ahí, pero se vende hartísimo” dice con firmeza Meregildo. 



Mientras la mujer cuida esa parte del negocio, a solo cinco metros de distancia se eleva una pequeña torre de bultos de talco que Meregildo vende a doce mil pesos. Por cada bulto que vende, Meregildo gana quinientos pesos. Los dueños de la bodega donde él trabaja le ayudan con la mercancía para que nuestro hombre se defienda a su manera. Está flaco Meregildo. Apenas luce unos pocos dientes en su boca. Está mosca, sabe que el lugar no es lo más seguro y hay que estar con los cinco sentidos en la mercancía, por eso no vende cosmético, mejor le va con el talco y con los “chitos”. Ya son cinco años los que lleva este hombre nacido en Buesaco, otro de los municipios cercanos a Pasto ubicado en la antigua salida al norte, frenteando el negocio del talco para los carnavales.

Pitos de carros, bocinas encendidas, música navideña, todo se escucha, nada se oye con claridad. Carretilleros vienen y van con cajas de talco, y con más cajas de talco y cientos de cajas de talco y bultos, y medios bultos que terminarán sobre las calles, aceras, y cabezas de todos los jugadores que con calma van llenando la senda tradicional del Carnaval de Negros y Blancos en Pasto, Nariño, en el bello sur. 



Meregildo estará vendiendo su talco y sus “chitos” hasta el cinco de enero en la esquina del mercado, el seis baja con una carreta cargado de cariocas, de talco menudeado y más “chitos” porque es el día de más ganancia. Para el día del desfile magno, el bulto que el primero de diciembre llegó costando diez mi pesos, fácilmente terminará vendiéndose entre veintiocho o treinta mil monedas. A una caja de veinticuatro cariocas que cuesta setenta mil pesos, Meregildo le puede ganar, máximo, diez mil pesos. Así se rebusca el pan diario el obrero trabajador que mira el carnaval desde otra senda.

Se llama Angie, está sentada sobre una caja de pequeños envases de talco perfumado. Con paciencia y destreza afinada llena de talco otras bolsas que con cuidado ubica sobre un improvisado mostrador de madera. Es morena, alta, tiene dieciséis años. Entre tanto, su madre, Mary Suárez, otra morena de buen carácter le da instrucciones para que el negocio se comience a mover. 




La entrada principal del mercado huele a pescado, a fruta recién traída. El aroma se combina con el sabor del jugo de sábila y llegan los sonidos de la máquina que prensa el hielo para hacer chupones. A lado y lado de la vía se levantan carretillas cargadas de cajas, bultos de talco. Cargamentos de espuma, cosméticos, ponchos, sombreros. Todos los ajuares del carnaval emergen desde este centro vital de negocios de Pasto.

Angie y Mary tienen una misión, recaudar más de dos millones de pesos que cuesta la matrícula a primer semestre en la carrera de derecho. Angie primero hizo un curso técnico en el SENA y descubrió que su vocación estaba en la carrera de la justicia. Su negocio oficial es la venta de zapatos en los primeros locales de la entrada principal del Potrerillo, pero en temporada de carnavales hay que buscar el ingreso extra para ir tras ese sueño de la formación académica. De una inversión en crédito de millón cuatrocientos mil pesos, obtienen una ganancia de doscientos mil, por eso, tienen que esforzarse para ir rotando la mercancía con lo que se va vendiendo. El siete de enero se paga la factura total del crédito, y ya para ese día se espera haber reunido la suma buscada.

De la espuma de carnaval que más se vende obtienen una ganancia de trescientos pesos por tarro, pero al talco que llega del Cauca le sacan hasta el 300%. Por eso no hay tiempo para parar. Se debe aprovechar cada momento para sacar la mayor venta, rotar la mercancía, traer más productos, rotar, volver a comprar y así hasta que se logre el resultado.

Para Angie Dayan Mercado esta es la mejor oportunidad, por eso siempre llevará en su memoria un grato recuerdo de estos carnavales, porque desde su economía local logrará pagar, si todo sale bien, su primera matrícula universitaria. Mary, entre tanto, la mira con orgullo, sonríe, se emociona y agradece a la vida que su negocio sea una fuente de prosperidad y de sueños por cumplir. 



La radio suena de fondo recordando que hoy es un viernes, aunque parece domingo. Estamos en carnavales mientras adentro del mercado el movimiento parece hablar de un día cualquiera para alimentar la remesa de las casas pastusas. Afuera, entre tanto, los transeúntes se untan de cosmético, limpian sus cabezas que ya se tiñen de blanco y sortean a los acertados jugadores que con espuma de carnaval dejan los rostros como pasteles adornados de alegría de este sur.

NO TODOS SON IGUALES: LA OTRA SENDA DEL 31 DE DICIEMBRE

LA OTRA SENDA crónicas del carnaval recorrió las calles de Pasto para encontrar las expresiones ciudadanas alrededor del tradicional arte de elaborar muñecos de años viejos. Sonido, video, imagen, un proyecto de contenido digital elaborado por el Centro de Creación de Contenidos Culturales de Nariño, con el apoyo del Fondo Mixto de Cultura de Nariño y la Dirección de Comunicaciones del Ministerio de Cultura. 




jueves, 2 de enero de 2014

JINETES EN BICICLETA

Pasto, el “país” de la resistencia expresó a través de cientos de ciclistas su inconformidad por la cabalgata aprobada para el 2 de enero. La otra senda siguió los pasos de los nuevos jinetes del carnaval de negros y blancos.

El arco iris ya desapareció del asfalto dibujado de ilusiones. No hay asomo de cenizas en las esquinas, ya la pólvora no contagia con su olor las calles de la ciudad. Esa es una sensación de tiempos pasados. Los años viejos se despidieron esperando un nuevo viaje de 365 días. La ciudad, con pausa, inicia su transformación. Dicen que hoy es jueves, se sabe que es 2 de enero de 2014. La senda del Carnaval de Negros y Blancos abrió oficialmente sus puertas para darle tránsito a las diferentes colonias de las provincias nariñenses que saludan desde temprano a la capital del departamento.

Por “La otra senda” un buen número de casas comerciales abren con la esperanza de ver entrar a los clientes que puedan requerir de sus servicios. Se acerca el medio día. El calor se hace presente y las nubes dicen volveremos pronto. Sobre las aceras rebuscadores de nuevos pesos para su bolsillo ubican mesas sobre las que exhiben chicha, pasabocas, cerveza, bolsitas de talco, los primeros cosméticos y espuma. Hasta en los almacenes de repuestos de la Avenida Colombia posan sobre las vitrinas los cada vez más grandes tarros de “carioca”. 




Alrededor del parque de Santiago, custodiados por un pesebre gigante, niños, niñas, jóvenes, adultos y adolescentes esperan la señal de partida. Montados sobre sus bicicletas, los convocantes de la “cabalgata en bicicleta” aguardan su turno para llegar a la senda tradicional.  Mientras esperan, a galope tranquilo se acerca un caballista. Los de las bicicletas apenas lanzan un ligero chiflido, se calman rápidamente, su propósito no es debatir, es simbolizar.

Parece un viernes de verano, sigue siendo jueves 2 de enero. En una esquina de la Avenida Boyacá Maura Castillo, con el rostro tallado por un resorte que sostiene el sombrero que la protege del sol, respira profundo. No ha vendido nada. Sobre cordeles extiende ponchos y sombreros que esperaba salieran por montones por el tema de la cabalgata, pero no ha tenido buena suerte. Sin embargo, ella piensa que “como andan diciendo que mejor las bicicletas para no maltratar a los animales, pues eso sí está bueno”.


Carlos Fabián Coral lleva la pinta del ciclista profesional. Casco, lycra, zapatillas especiales, gafas de protección, y una bicicleta que se destaca entre el grupo de los más de cien amigos de los caballitos de acero que han decidido decir “Pasto ciudad cultural dice no al maltrato animal”. Durante tres meses y medio, Carlos Fabián recorrió ,desde Pasto hasta la Argentina, más de cinco mil cuatrocientos kilómetros sobre su cicla y ahora está presente ejerciendo fuerza simbólica para resistir la decisión oficial de permitir una cabalgata en medio de la senda del Carnaval deNegros y Blancos.

Tras la última de las colonias que desfilan y bailan por la senda tradicional cientos de ciclistas dejan la huella de sus llantas sobre el pavimento que ya arde por la alta temperatura del medio día. Agitado llega Jorge Herrera, productor de televisión y activista en la defensa de los derechos de los animales. Con decisión afirma que este acto no es una propuesta sino una protesta “tener caballos en asfalto, con carioca y alcohol no tiene nada que ver con la tradición del carnaval, por eso esto es una protesta de manera pacífica que adopte conciencia ecológica en la gente”.

Para Andrés, turista proveniente de Manizales todo es un tema de gustos, igual piensa Blanca Stella Pabón, quien con ansiedad espera que pronto pase la cabalgata que por primera vez se retoma oficialmente en lo que podríamos llamar la etapa moderna de los carnavales en Pasto, suceso que para Armando, un turista de Guachucal (Nariño), va en contravía de la defensa y protección de los derechos de los animales y quien aplaude con energía el paso de la cabalgata ciclística.

Mientras en Bogotá comenzó a regir el decreto para el uso de la tracción animal en vehículos de carga, o en Cali sealzan voces que detengan las cabalgatas como espectáculo cultural, la organización del Carnaval de Negros y Blancos en Pasto le abrió la puerta a este tipo de desfile de manera oficial. Sin embargo, para activistas como Vladimir Hernández es satisfactorio ver cómo la “autoridad oficial está entendiendo que los movimientos emergentes, la gente en masa, debe tener prioridad y más poder sobre los poderes oficiales, brindando la posibilidad de participar sin generar choques. Es una protesta pacífica, y no queremos generar conflictos”.


Aún así, los comentarios de las redes sociales tienen más el tono de rechazo sobre la cabalgata y más aplausos por la protesta pacífica de los trocheros y ciclistas que de manera particular dejaron huella en la senda del carnaval diciendo “Mejor en bicicleta”.

domingo, 8 de septiembre de 2013

AMIGO CAMACHO

Por: Gustavo Montenegro Cardona
Coordinador
Area de Comunicaciones - Fondo Mixto de Cultura de Nariño. 
 
Miguel Camacho Castaño es un hombre de nostalgias. Disfruta un plato de cerdo hornado, y el primer sorbo de la gaseosa de producción regional lo lleva a su infancia. Cada recuerdo es un pretexto para narrar una historia. El sabor del líquido en recuerdo sirve para conocer un relato sobre logotipos de Coca-Cola y Pepsi. Miguel es diseñador gráfico: sabe de lo que habla. 



Cada tanto tiempo recibe una llamada a su celular por parte de la Señal Radio Colombia. En pocos minutos estará al aire para hablar de lo que ha pasado hasta el momento en PASTOJAZZ y su tercera versión. Con honesta sencillez habla de su amigable relación con Celia Cruz, reconociendo el valor de la fraterna relación siempre pone por encima la grandeza de la artista, Miguel no se deja engañar por su ego. 



Desde que llegó a Pasto se hizo parte del equipo de organización de PASTOJAZZ. Con profesionalismo ha logrado aprovechar cada instante para convertirlo en una acertada nota periodística. Guiado a la distancia por su gran amigo, por su hermano José Arteaga, el periodista pastuso, Miguel Camacho se ha deleitado con la riqueza gastronómica de este sur que se siente honrado en contar con su presencia como enviado del sistema de medios de Señal Colombia y voz de la HJCK para el festival de jazz en Pasto. 



Siempre anda de buen humor, y su figura de hombre serio se desmitifica en segundos gracias a que siempre guarda un apunte, una sonrisa que agrada o un comentario que deja más de una enseñanza. Su misión de narrar los momentos de PASTOJAZZ ha ido más allá, y su voz no podía ser más adecuada para el festival y sin dudarlo se convirtió en el presentador oficial de las agrupaciones que han llegado cada noche con sus diversas propuestas a contagiar de felicidad musical el escenario del Teatro Imperial. 



Viajar con Miguel es viajar por un sendero de relatos que traen a la memoria su conocimiento musical, su experiencia como radialista, sus encuentros gratos con las personalidades de la vida pública nacional e internacional, o con anécdotas simples cargadas de intensidad vital.

Se lo ha visto recorrer cada esquina del Teatro, se lo ha visto en las esquinas de Pasto. Disfruta la música como comensal de buena mesa. Disfruta de Pasto como un joven aventurero. Habla de música como si narrara su propia historia. Hace radio con la frescura del buen conversador. Tiene las imágenes apropiadas para titular cada nota que con juicio envía en las primeras horas de la mañana a la página web de Señal Radio Colombia. 



Al parecer la nota sobre Celia Cruz, su amiga, no pudo salir al aire como él quería en el especial sobre los “negros y la música” que se hacía en la Radio Nacional. Mientras aguarda su salida AL AIRE, disfruta un chupón, helado cubierto de miel y limón propio de este frío sur. Su mente danza en la memoria, en la nostalgia que le ha partido el corazón, porque quiere estar en la cabina de su emisora, mientras desea quedarse en Pasto por siempre. PASTOJAZZ lo espera de nuevo, amigo Camacho.

FOTOGRAFÍAS: Andrés Ceballos, Página 10, Jonnatan Polo, Lorena Garzón

sábado, 7 de septiembre de 2013

40 NIÑOS VIAJAN EN BARCO

Por: GUSTAVO MONTENEGRO C. 
 
En el pasillo dos niños juegan a buscarse uno al otro. En el camerino se afinan los clarinetes. En el auditorio ansiosos los asistentes esperan que el telón devele a la INEM Jazz Ensamble. Es miércoles, son ya las siete y media de la segunda noche de PASTOJAZZ, este festival que se ha luchado superando los contextos locales que han dejado a estas alturas a la capital de Nariño sin gasolina, con pocos alimentos y con altísima incertidumbre sobre el orden público, aún así, la música se impone.


El reloj suma unos minutos más y en tarima están ubicados cuarenta y dos pequeños gigantes de la música. La expectativa está en un nivel de silencio pleno. El auditorio, siempre respetuoso recibe con ansiedad la presentación de esta Big Band conformada por estudiantes de la Institución Educativa INEM de Pasto que han tomado cientos de horas de su trabajo académico para formar un conjunto de jazz. Medio minuto luego de que todos los niños han sido recibidos con aplausos, ingresa al primer plano de la boca del Teatro Imperial el maestro Albeiro Ortíz, un hombre de sonrisa permanente que ama la música, que disfruta el Jazz y que desde la educación forma a las nuevas generaciones de músicos, de mejores ciudadanos desde la cultura.


Faltando no más de veinte minutos para las ocho de la noche se echa a andar un concierto que hizo mover los pies, las manos, las cabezas. Albeiro y sus niños juguetones ahora hacían música en clave de jazz. La música en el aire trajo las imágenes de las películas de Chaplin, o los relatos visuales de las historias de gangsters. No podía irse el aire del sur, pero pronto estaban de nuevo los sonidos de un jazz romántico, clásico, propio de esos grandes salones de los orígenes del género de la libertad.

En el camerino Urpi Barco realiza todo un ritual de preparación. La mujer bonita ahora se convierte frente al espejo en la artista poderosa y radiante. Los acompañantes de la voz bogotana se asoman a disfrutar de las últimas armonías de la INEM jazz ensamble que se levanta con el nerviosismo que aún viven los novatos artistas al ser aplaudidos con pasión por parte de su auditorio encantado.  


La noche avanzó. Más allá de las nueve de la noche se pudo comprender por qué la voz es un instrumento musical. Urpi Barco sí que supo exponer ese concepto que puede tonarse abstracto o teórico. La dulzura de la voz de la maestra bogotana es un reflejo de su fuerza interior, de su coraje espiritual. Su voz expone en afinadas notas musicales todo lo que ella es. Serán las nueve y cuarenta y cinco de la noche y la voz que arrulla y emociona se detiene para darle paso a Peter Jackson, un percusionista que puso el criterio de la innovación en acción plena al brindarle al público de PASTOJAZZ una demostración de talento, virtuosismo a través de la percusión étnica. Ese manejo de las sonoridades percutivas del mundo, permitieron al público navegar en un barco por aguas musicales diversas desde el talento de Jackson.

Soñar, despertar, bailar, arrullar, amar, enamorar, reflexionar, volver al sueño, y seguir despertando. Así cuarenta niños, cientos de asistentes, y todo el personal alrededor de PASTOJAZZ pudo viajar en el barco musical colombo jazzístico de Urpi Barco. Agradecida sigue sonriendo constantemente la bella Urpi, el cuarteto se abraza porque se reconocen un equipo que dejó lo mejor de su trabajo “Sueños” en el escenario del Teatro Imperial que ya tiene sus luces apagadas. En el tiempo serán más de las diez de la noche, ya no importa, en el navegar musical las manecillas del reloj permanecen inmóviles. 




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